Cómeme. Devora mis silencios, traga mis caídas del misterio. Envuelve en un manto lo que no te sirva para amar. Ven. Ven y llega hasta donde no te sirvan los brazos para abarcarme. Estréllate en la nada y vuelve de ti hacia la salvación encarnada en un fruto de flores que nunca marchiten. Ten la sabia savia que fluye dentro de ti para mañana, para ayer, cuando la necesitabas. Escucha tus adentros vacíos con el eco que reverbera tus pensamientos. Guía la playa, el desierto y la estepa que te abarca las noches en contra de lo que esperas. Manténte despierta en los sueños de vida, en los de huida, y en las pesadillas de alegría en las que se te escape del corazón. Miéntele al abismo confundido en donde has estado miles de vidas, escapa con artilugios de razón y verdad sincera. Escucha. Tritura la fortuna que no es, la que no te toca por las mañanas. Ve la calle, el camino, la senda del destino por la que llegaste a éste pesado futuro, ya presente, ya pasado. Miremos lo que no puedo sacar de mis ojos. Sólo yo lo veo. A través de ti también lo veo. En ti lo veo. Luces que se me amontonan el las cuencas de mis ojos hundidos en un sueño de confirmaciones. Estrellas encantadas, inmovibles danzan premeditadamente un cantar de los amores celestiales desde tiempos inmemoriales. Estandartes de la constelación mas apartada de mi mente, se reflejan en un brillo ansioso pero intenso en el que los mares rebrotan acurrucados en caracoles del tamaño de mi mano. Cuenta lo que no te digo, escribe lo que me callo. Inspírate de todos, de los múltiples escondites donde me has encontrado enmudecido por lecturas tuyas. Aspira las travesías en que me llamas por mi nombre y no contesto. Desobedezco los impulsos que me dictan cuando extrañarte y termino por hacerlo más de la cuenta. Te extraño mientras me extraño de lo nuevo, de lo mágico, de lo maravilloso de la vida. Espanto a los ausentes fantasmas que se me acercan atentando contra tu recuerdo. Finge cansancio, si alguna vez estas al borde de la locura, dicen que los exhaustos no son apetecibles para la demencia, pues necesita que los insanos se muestren activos. Escapa y ven. Escapa y quédate. Cállate y no me digas lo que piensas. Revive y no me digas cuando mueras. Dime y no me digas por qué callas.
No sé que hiciste con esto, ni cómo fue que usaste las palabras, pero me has hecho respirar con rapidez. En el pecho han despertado estas mariposas, las que no nada más son mías. Te extraño, Alejandro, te extraño, como tú dices, más de la cuenta.
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