If I could define this poem,
if I could just taste it,
sure this flowery phrases
will give me all happiness.
Inspiring, amazing.
...... (Inspired on "Lecciones de botanica" by Sol Santillana)
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Olas, palabras solas y necias que se estrellan en mi memoria, cantan y versan la historia, en la que me encuentra una mano y me lleva, a la mirada del Sol que me observa.
Desbordan de mi boca palabras sinceras, enteras las peras se desintegran una a la otra, cae una gota, la vida lo lamenta, se vuelve una tormenta discreta, se amolda a las derrotas ambiguas. Entre tanto, las cosas no cambian, no dejan de ser la mismas, y sin embargo se acaban. El paso del tiempo no se hace esperar, al olvido infinito, de los pasos callados, de aquel loco querido.
Me canto. Me lloro. Me ahumo de incienso y del recuerdo. Los dedos me tiemblan cuando el gélido frío llega a ellos. Estupor. Enamoramiento perverso. Los cuantos son solo eso que nos aleja de los muertos que no han fallecido. Lo vivido, lo fallido, lo mermado. Lo aniquilado. Dos princesas me abrazan en la cama, dos bocas que me besan, dos que ahora se me entrelazan. Si tuviera la fruta, las alejaría de mi un poco, pero como me falta la dupla dorada de sus cabelleras, me las quedo en la niebla que nos abraza. Perdido estoy sin ellas, perdido sin que las encontrara, he vuelto a ser como era, como lo solía ser cuando lloraba por nada.
Se acaban las lineas, cavo en las huellas de la olvidada. Sostengo una ruta plasmada en un pergamino secreto de su aposento. Bebo las frases hechas por las sirenas de la noche oculta tras de la luna llena, alcanzo a pensar en los visitantes de las estrellas que nos arrojan sabiduría para su tutela. Recargan sus energías de un volcán que no se apaga, nos muestran sus almas por un momento para no olvidarlas. Vuelan sobre el viento que nos ampara, sin que nos demos cuenta nos localizan para entrenar los sueños de los que los alcanzan.
Pronto volveremos a vernos, sin que la gente nos cuestione.
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Apaga las velas, deja la luz prendida para que nadie puede vernos sin sombras. Llévame más a dentro. No me dejes afuera que aquí no siento.
Vuélveteme la presa para poder seguir tu aliento. Susurro. El viento que nos envuelve ha vuelto. Y cada vez más frío se encuentra aquel escondido sentimiento. No canses los esfuerzos que nos aquejan, que la vuelta perdida, la habrá de encontrar una gitana, o la vida temprana de una fugaz paloma que sobrevuele las palmas abiertas de los espantapájaros en las colinas llanas. Encontrarás la vía, se borrará el camino a tu regreso, y permanecerá inmenso lo que te vuelve tropiezo del bendito silencio.
Se acordarán las nubes, se volcarán las calles, y un manantial de luces desbordará los carruseles de verdades. Mis manos siguen los rastros que dejaste, pero se han borrado las consonantes. Me mientes sin decirme un deseo, castigas con silencio el destierro.
Cuentas, que penden de un hilo tan delgado que no lo veo, no lo siento, no lo entiendo. Me es permitido mirar más allá de los vientos durmientes o el revuelo del presente, pero los ojos caen cuando caen los sueños.
Entiendo aveces que los dueños se vetan, que las llamas se apaguen cuando más se encendían. Lo que aún no entiendo, es como llegaste a penetrar los adentros del eco. En las camas se abandonan mujeres, en las guerras los hombres, y hay deseos tan perversos en los crueles, que los bienes de los sanos no son suficientes para abastecerlos. Solo una vez los pueblos encuentran su camino y solo una han de perderlo, los presentimientos cuentan como se marcan los destinos verdaderos.
Siente el silencio que nos acontece, envuelto en misterios antes ocultos para los cercanos, encantado en hechizos protectores para los desamparados. Bebe el elixir de los protegidos en el templo encontrado, merodea las naves que te llevarán al universo que aún no conoces.
Se encontrarán las voces, llamando un secreto, único y profético. Encerradas en si mismas, están las almas de los desterrados, y lo estarán una vez caídos requeridos, por la evocadora batalla que salvará la soledad de las capas. Controlas las velas que se apagan, pero las que se encienden te son ajenas en la noche en la que no dominas, y las aguas se te vuelcan en cuanto determinas que son calma, y la sien te difumina las agallas. Encontrarás las sumas, las dolencias y las apariencias que se te escondían, y las ausencias que no salían, y las vergüenzas que te atañían.
El ganador se volverá un sol protector del equilibrio envuelto.
Los soldados que pelearon junto a ti serán tus compañeros de la fuerte armada que avanzará hacia la defensa necesitada.
Rosas y las flores serán hermosas, pero las golondrinas volarán furiosas encendidas en llamas consumidoras de las glorias y las tristezas. Y el verde de tu aura, y el rojo de mi espalda, formarán la bandera de una nueva nación sin púrpura ni fogatas, ni el tiempo ni las distancias. Cuándo es que será esto si ya la ha sido todo, aunque nada sugiera que no sea ya parte del pasado.
Envidias que no han llegado a su destino vagan solas por la acera, y los faroles que las iluminan en la noche ausente de luna, multiplican sus sombras, y las aniquilan, y las desdoblan, y las atoran a un ancla invisible donde los desamparados enraízan su fortuna. Cimentados los recuerdos ya olvidados, me brotan de las manos anhelos enclaustrados en bóvedas de nieve y miel, y encuentro y portento. Por donde quiera desfilan las amenazas de la muerte que nos rodea, y la vida a un lado de ella; se mimetizan ambas entre las rocas, entre las olas y sus espigas espumosas.
Encuentro documentos escritos en un pasado alterno. Y me duele la cara, son tantas alegrías. Se me desbordan las canas que se vuelan distraídas en la niebla matutina de la orilla en que me encuentro.
Vuelven a las manos las estrías, cicatrices de batalla que dejaron su mapa violento en la paz de los misterios. Venenos que fueron inyectados levemente para que surgieran efecto justo antes de la muerte. Huellas imborrables de la sórdida entrega de incidentes y causantes divergentes en las mentes de un loco o las de sus múltiples personalidades.
Encuentros miserables son los que no se dieron entre nosotros. Versos de deseos borrosos. Suelos compartidos en un autentico destierro silencioso.
Piensas y me animas a seguir perdiendo la cordura loca que arrebata carcajadas a las natas vespertinas. Encierras tus ganas de huir bajo la ventana abierta. Musitas al regreso. Entierras tu anexo, corazón convexo en la partida, en la tumba clandestina, en los pétalos ahora secos y caídos en tu mano.
Fallecidos morosos. Renacidos mentirosos, se vuelcan por las tardes solitarias de las praderas otoñales que frecuentas con tus enemistades. Viéndose en el espejo la señora mientras los llantos de su hijo a lo lejos le llaman, le aclaman.
Vendrán las primaveras como las que se han ido, lloverán las tormentas venturosas y lastimeras de la extensa humedad de tu labios; con los que besas, con los que besaste las piezas de mi corazón lastimado. Herrumbre sobre las llaves de un candado de mil puertas. Dictadura sombría en la caverna de las penurias. Intentos de nada, de la furia aniquilada. Envíame a la luna, a tu manto secreto, a tu cintura.
Fiero recuento de los mortíferos gobiernos de mis manos sobre tus dedos. En las garras de la vida muero de un zarpazo eterno. Guantes delicados enfundan tu manos estrelladas, velas sus luces por la tela ahogadas, sobre tus prendas nuevas, sobre las antepasadas.
En la Biblia nuestra, no hay corduras ni fingimientos conceptuales. Será fielmente escrita, por los profetas vivenciales que nuestras manos alimentan. Internos gnomos, duendes matinales, soles multicolores se vulneran a la profundidad de nuestros iris.