Olas, palabras solas y necias que se estrellan en mi memoria, cantan y versan la historia, en la que me encuentra una mano y me lleva, a la mirada del Sol que me observa.
viernes, enero 1
Alberto
De repente se acordó que había llamado a la puerta. No supo si lo había hecho en una o dos ocasiones antes. Pero supo que lo más probable era que nadie acudiera a su llamado. Así había sido las últimas veces. Claro, ésta, no tenia que ser la excepción. Pero lo fue, pese a las expectativas negativas que tenía, alguien contestó —¿Quién es? —No supo si contestar de inmediato cómo se lo indicaba su deseo, o hacer una pausa, cómo se lo decían sus nervios. Lo segundo que se le vino a la mente, fue salir huyendo. No pudo hacerlo, así que no lo hizo, en cambio se quedo parado, casi petrificado en ese lugar, tratando de mandar una respuesta sencilla, coherente, que le saliera de su seca boca y contestara a la pregunta que recién le habían lanzado. Con voz temblorosa contesto por fin, cuando casi preguntaba de nuevo el inquilino desde el interior de la casa, sin todavía asomarse por la ventana para ver quien llamaba a la puerta. —A.. Al..Alberto —Tartamudeo al fin, en una voz prácticamente inaudible aun para sus propios oídos.
. . . . .
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Una escritora me dijo alguna vez que quien escribe sabe ver donde los demás no ven. Como con tus fotos, hay puntos explosivos en tus letras.
ResponderEliminar